recordar: al play y luego bajar ruedita y leer mientras suena (esperar a que cargue entera la cancion si veis que se os realentiza)
Deina se acercó lentamente al cementerio de los versos perdidos, hacía mucho que no regresaba a ese lugar. Todo estaba nevado, las tumbas, las cruces, los cipreses, era de noche y la enorme luna iluminaba con toda su fuerza aquel paraje yermo, despojado de toda vida, tenebroso y oscuro. Pero sus ojos dorados sabían que pasos debía seguir. Alcanzó esa tumba, más que una tumba, se había convertido en un monumento a la persona que tanto amó. No tenía nombre, no había fechas, solo una simple estatua de piedra tallada a mano, sus propias manos la tallaron, un rostro pétreo e inocente, de mirada perdida y corazón puro, un hombre bueno, un corazón sincero, Arnaud. Con una ligera sonrisa en la fría piedra de su rostro puesto que Deina no quiso recordarle con aquel gesto torcido que recuerda cuando le alcanzó la muerte, ella le labró una sonrisa en su recuerdo para siempre. Hacía poco tiempo que él había muerto pero a Deina le parecía una eternidad. Arnaud, aquel por el que ella renunció a su reino tenebroso. Y ante esa sonrisa y ese rostro inocente no pudo evitar derrumbarse como cada vez que lo visitaba.
Sus lágrimas empezaban a escurrir manando de sus ojos dorados de miel mientras gritaba desconsolada.
Golpeo el pecho de la estatua mientras preguntaba al eco sordo del frío.
¿Por qué me abandonaste?
¿Por qué te marchaste?
Con cada pregunta golpeaba con más fuerza la estatua, que seguía impertérrita, Deina gritaba y chillaba desesperada
Sus manos ya estaban bañadas de sangre, su piel rasgada y sus nudillos demacrados.
¿Por qué no puedo sentir tu calor a mi lado cada noche?
¿Por qué te añoro más que al aire?
Las gotas rojas de su escasa vida caían derramando charcos en la nieve.
¿Por qué no se vivir sin ti?
¿Por qué me devolviste la vida con tu amor si luego me la quitaste con tu muerte?
Sentía que le faltaba el aire mientras vertía sus lágrimas, sus últimos retazos de vida. Una vida eterna, infinita, que la aguardaba sin amor, sin esperanza, sin ilusión.
¿Por qué tuvo que terminar así nuestra historia, mi vida, tu vida?
¿Por qué te tuvo que llevar la muerte, amor mío?
No se vivir sin ti, no quiero vivir sin ti, pero no puedo morir, por lo que soy.
¿Por qué me diste todas las esperanzas e ilusiones del mundo si luego no fuiste capaz de mantenerlas en el tiempo?
Vuelve a mi lado mi vida.
Y aquel grito estremeció a los cuervos posados en las ramas y cayó sobre el pecho de la figura de piedra un último y desesperado puñetazo que hizo crujir al cielo. Su vestido estaba teñido de sangre, salpicaduras de su vida, mientras que la estatua seguía con esa sonrisa que ella había creado con sus propias manos. Sus manos bañadas en sangre, su cara pálida de llorar, sus ojos dorados sin vida ni aliento, su pecho de respiración entrecortada.
Te echo de menos mi vida.
Susurro al oído de la estatua de piedra mientras le abrazaba.
Me diste la vida, me permitiste palpar un sueño, acariciar un futuro a tu lado y ahora no se que hacer sin ti. Por favor, vuelve a mi lado, te echo tanto de menos…
Miro aquel cuerpo de piedra y su corazón se estremeció con los recuerdos más hermosos que guardaba en su alma. La noche, la luna, la nieve, una sonrisa, una palabra, una caricia, todo le recordaba a aquella persona que le devolvía la vida en muerte.
Él había hecho de ella una persona distinta y ahora se sentía más sola y abandonada que nunca.
Deina acarició el rostro de la estatua y le besó la mejilla para luego alejarse dejando en reguero de sangre sobre la nieve.
…Y la estatua lloró vertiendo una lágrima cristalina.

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