Cintia salía del trabajo con su elegante vestido de traje. Era 24 de Diciembre y las oficinas estaban algo vacias pero reinaba un ambiente festivo y alegre. Bajó a su plaza de parking reservada y apretando el botón del mando abrió su Mercedes plateado, conecto su móvil al coche y marcó.
- Hola hermanito ¿que tal estás? - Al otro lado de la línea se oia un gran griterio de voces infantiles
- Tata!! - gritaba Edu. Edu era el hermano de Cintia, él tenía 26 y ella 29; pero para él ella siempre sería tata y para ella él siempre sería hermanito - Estoy en el patio de recreo, mis niños acaban de representar la obra de teatro y estamos con todos los padres aquí.
- ¿Cuándo serán las voces de tus verdaderos niños las que escuche en vez de la de niños de otros?
- ¿Cuándo tendrás tu la oportunidad de presentarme alguien al que le hayas dejado un hueco en el cajón de tu comoda?
- Puede que te lleves una sorpresa.
Edu era profesor en un pequeño colegio de la costa gallega y Cintia una abogada de una gran empresa tecnológica, se encargaba del departamento legal al completo.
- Tata, tengo que enseñarte mi último tatuaje, es una letra china, significa luz.
"Otra letra china mas?" penso Cintia. Sin duda se uniría a las que ya tenia en los brazos para tapar esa cicatriz tan fea.
- Edu, algún día me tendras que decir como los padres no salen corriendo cuando te ven lleno de calcamonias y con el aro en el labio. - Edu tenía un piercing en el labio, escorado a la derecha. En realdiad Cintia sabía la respuesta a la pregunta, su hermano tenía un don, era capaz de desnudar su alma ante cualquier persona, y su alma, por naturaleza era hermosa y buena, a la gente poco le importaba su aro, sus calcamonias, sus camisetas y su pelo, cuando Edu hablaba con ese tono de voz suave, daba calma, cuando te miraba a los ojos no miraba dentro de ti, dejaba que le vieses a través de los suyos y cuando sonreía contagiaba de alegría a cualquiera. Cintia sabía que algo cambió en él desde que conoció a Elena, su novia desde hacía ya unos años.
- Se llama don de gentes, tata - dijo Edu.
- Bueno. Que te llamo porque salgo ahora de la oficina. Vendras a cenar con mama y papa no?
- Sí, no me hace mucha gracia pero lo haré por ti.
- Gracias. Ya sabes que a papá no le gustan estas cosas y se comporta como un capullo. Si me dejas sola me muero. Va a venir Elena?
- No creo, ella quiere ir, pero le pedi que no viniese. No quiero que papa monte el espectáculo.
"Que gran chica, sacrifica de ella lo que haría por él, mi hermano a tenido mucha suerte" penso Cintia.
- Ya, te entiendo. - dijo Cintia mientras buscaba su tarjeta de parking en el bolso - Yo calculo salir para Salamanca en un par de horas, nos vemos alli?
- Edu!!!! - una voz gritaba al otro lado del teléfono - mira mama este es mi profe....
- Tata, tengo que dejarte, o este pequeño proyecto de Einsteins me bajara los pantalones hasta los tobillos como siga tiradno de la pernera y no le haga caso.
Cintia se lo imaginaba, un niño tirandole de los pantalones mientras Edu trata de sujertarselos con una mano y la otra sujetaba el movil. Adoraba como Edu era capaz de llamar de tantas formas a los niños del colegio.
- De acuerdo. Ya hablamos.
Cintia se paro a pensar unos segundos antes de arrancar el coche. Como habían llegado a todo eso? Desde pequeña ella siempre había querido ser veterinaria, soñaba con curar animales, pero su nota en la selectividad solo le permitió hacer derecho, empezó las prácticas y aquel mundo le fascinó tanto que pronto se convirtió en una de las mejores de su clase y en su primer trabajo probó la miel del triunfo, se subió al carro del éxito y se sintió tan agusto que se dejó la piel para no bajarse, y ahí estaba ella. Encantada de su vida, de su estilo de trabajo, de su casa, de sus amigas y al parecer con una nueva esperanza. Su destino había cambiado pero su felicidad era la misma.
Y su hermano....trató de desechar rapidamente ese pasado de su mente y puso en marcha el coche con la radio sonando kiss fm.
- Mira mamá - un niño de unos 9 años tenía cogida la mano de Edu y le arrastraba hacia su madre - este es mi profe de matemáticas, gimnasia, plástica y ....
- Marcos... - dijo Edu en tono aprensivo.
- Y de lengua! - grito el pequeño Marcos.
- Es un placer - dijo el padre mientras le tendía la mano - Soy Javier, el padre de Marcos, y esta es Ana, mi mujer.
Ana le tendió la mano a Edu, que pudo ver como le miraba con gesto raro el aro plateado que tenía en el labio. Edu no se preocupó, sabía que aquello no era más que una fachada que solo alvergaba el grandísimo profesor en que se había convertido.
- El placer es mio.
- ¿Que tal Marcos? Esperemos que no de mucha guerra.
- No menos que el resto - dijo con una sonrisa.
- La verdad es que queriamos darle las gracias - empezo a decir la madre - hemos notado una mejora enorme en Marcos, no solo a nivel educativo, él se siente mucho más seguro y no tiene complejo por el problema en las manos
El pobre niño se había caido por las escaleras hacía unos meses y se había partido las muñecas por varios puntos, su movilidad en las manos era muy reducida cuando entro en la clase de Edu.
- Yo solo encaucé el camino, las ganas las puso Marcos, sin duda empujados por vuestros esfuerzos, y bueno, en realidad, han sido ustedes los que se han preocupado cada día para que haga los ejercicios y se recupere. Yo solo soy un profesor.
Aquella sin duda fue la respuesta correcta, la madre dejo de mirar hipnotizada el aro plateado de Edu y paso a mirar profundamente sus ojos, al padre aquel piropo le había hecho ponerle una sonrisa de oreja a oreja, contagia por la alegría con la que hablaba Edu de su hijo, Marcos.
Al fondo, en la esquina del patio se veía la figura recortada de una joven chica morena. Edu la miro atentamente y su cara cambio radicalmente.
- Ahora si me disculpan - dijo Edu mientras tendía su mano a los padres - tengo que cruzar todo el patio lleno de pequeños debora turrones navideños y puede ser un tanto complicado.
Los padres le rieron la gracia de forma sincera, habían comprobado en su carnes lo que otros padres les habían dicho, "Edu no es solo un gran profesor, es un magnifico educador de personas y valores"
Edu cruzó el patio entre gritos, mientras unos niños le cogían de los pantalones y tiraba hacía abajo para llamar la atención y otros le saludaban gritando para que sus padres viesen que él era su profe.
Por fin llego frente a la guapa chica. Era Elena. La abrazó, le cogió las manos y se las puso sobre su pecho, en el lado izquierdo, justo en el corazón. Siempre lo hacía, era un gesto para ellos, era sencillo. La primera noche que durmió junto a Elena le cogió las manos, se las puso en su corazón y le susurro al oido "tu has salvado lo que yo creía desaparecido".
Ella como siempre sonrió dejando ver los profundos ojos azules y le dió un beso.
Con una gran sonrisa Elena le cogió las manos a Edu y se las puso tiernamente sobre su tripa.
Cintia estaba en casa preparando su maleta y poniendose ropa más comoda. Abrió un cajón de una enorme comoda y se cruzo de frente con una foto en la que salía ella con su hermano. Deberían tener unos 14 y 17 años respectivamente. Ella con sus gafitas de empollona y él con su eterna sonrisa. Entonces penso en lo que pasó tiempo después. Un escalofrió recorrió su cuerpo, no trataba de pensar mucho en ello. Si a ella le dolía el alma solo de imaginarlo, a su hermano que lo había vivido... comprendía lo que pasó. Desechó esa idea de su cabeza mientras buscaba unos pantalones que echar a la maleta. Adoraba a Elena, era una chica especial, había sabido sacar a Edu del pozo en que se sumergió. No era ningun secreto que a su padre no le caia bien Elena, en realidad, Cintia pensaba que odiaba tanto a Edu como a Elena, pero con el pequeño matiz de que Elena había cambiado a Edu, había hecho de él un hombre nuevo y ese nuevo hombre no le gustaba a su padre.
Era curioso, Edu quería haber estudiado economía, montar una gran empresa tener su enorme despacho, ser el triunfador que era ella ahora, pero para comprarse su primera guitarra estuvo trabajando en un comedor infatil y allí se enamoro de la pureza de los niños, algo se avivó dentro de él. Sin embargo, nunca se llegó a destapar del todo. Empezó a estudiar pedagogia y bueno, desde ahí en adelante su vida se habia vuelto un calvario, hasta tal punto que estuvo apunto de costarle la vida. Conoció a Elena y ella supo sacar de él lo que llevaba tiempo escondido, su ilusión por la vida y le ayudo a cumplir sus sueños. Se fue a vivir con ella a un pueblo de la Galicia, ella monto un apequeña tienda y él se hizo profesor en una escuela. Desde que comenzo con Elena un nuevo espiritu ofloró en él, fue cuando se hizo algunos tatuajes, el piercing, empezo a vivir alegremente, a vivir con la preocupación justa, no dejaba que nada le quitase la sonrisa de la cara. Le había costado muchísimo recuperarla...
Justo al lado de la foto que se quedo mirando habia otra más. En ella salía Edu en una especie de cama de hospital, tenía unas ojeras enormes, una cara demacrada, estaba delgado, pálido como la muerte, tenía unas vendas en los brazos. Estaba dormido, dormido sobre el regazo de ella, como le gustaba aquella foto a Cintia. Edu estaba compartiendo la cama con su hermana en busca de un refugio donde poder descansar de todos sus tormentos, y lo mejor de aquella foto, es que a pesar del aspecto demacrado de Edu, estaba sonriendo dormido, su madre hizo la foto. Cuando Cintia la vió supo descubrir como ella fue capaz de lograr que su hermano sonriera por primera vez en meses y que lograse descansar su alma.
Cintia metió un par de jerseys a la bolsa, abrió otro cajon de donde saco ropa interior y al cerrarlo se volvíó a quedar mirando esa foto del hospital.
Se dio cuenta de lo mucho que le debía a Elena, solo por lo mucho que había logrado en Edu.
Sabía que si seguía mirando la foto aquella imagen iría a su mente, pero como siempre, se quedo hipnotizada por la sonrisa de Edu mientras dormía. Y efectivamente la imagen vino a su mente.
El baño de casa de su padres, el baño que compartía con su hermano.
La bañera llena de agua.
Agua teñida de rojo.
Edu echado sobre el frío marmol.
La sangre.
Mucha sangre.
Edu tenía unos largisimos cortes en sus brazos, desde la muñeca ascendían hasta casi su codo. La sangre no dejaba de salir.
El suelo estaba resbaladizo.
Sus pies descalzados notaron el tacto calido de la sangre.
El agua empezó a rebosar.
Los brazos de Edu colgaban de la bañera, su rostro palido y sus labios morados.
Cintia recordó al segundo cada instante de angustia, sufrimiento y desesperación.
Gritaba y chillaba mientras abrazaba a su hermano.
No habia nadie en casa.
Cogió unas toallas y se las puso en los brazos de Edu mientras le gritaba y le insultaba por haber hecho aquello.
Todo había comenzado cuando Edu empezó a salir con Edurne. Estuvieron juntos unos 2 años y todo ese tiempo ella estuvo jugando con él. Infidelidades, amantes, sexo, mentiras, coqueteos con las drogas...aquella chico absorbió toda la esencia de Edu cuando le dejó sin nada, ella se esfumo, le hizo tanto daño que él se sintió hundido. No supo salir del pozo, los coqueteos con las drogas se habían terminado convirtiendo en serias adicciones, le echaron de algún que otro trabajo de fin de semana, aparcó sus estudios y finalmente recayó en una grandisima depresión. Su hermana lo sabía todo, Edu nunca le había ocultado nada, pero no se dejaba ayudar. Ella hizo todo lo que estuvo en sus manos, le daba conversación, le insuflaba esperanzas, le dibujaba sueños en su futuro. Pero Edu apenas era una sombra de una persona. Y todo aquello termino con el acto más cobarde de una persona, renunció a todo y con un cuchillo se rajo las venas en el mismo baño de casa. Cintia no debería estar allí, aunque Edu sabía que no iría a aquella fiesta para poder qudarse a dormir con él, le había prometido que nunca lo dejaría solo. Cintia a veces se pregunta si lo hizo en ese instante porque esperaba que alguien que le quisiese de verdad acudiese a salvar su vida. Y vaya si la salvo.
Cintia logró que Edu subiera a la ambulancia vivo y donó tanta sangre que tuvo que estar ingresada junto a su hermano dos dias.
Edu estuvo en un psicologo un par de meses y cuando empezaba a sacar la cabeza de su pozo apareció Elena, que le devolvió toda la vida.
Es por eso que al lado de la foto del hospital había otra en la que salían Elena y Edu sonriendo y abrazados. Los brazos desnudos de Edu, con muchas letras chinas a lo largo de sus brazos, tapando las cicatrices. Era su forma de demostrar que aquella herida estaba cerrada por dentro y borrada de su alma.
Cintia giro la foto y junto a las palabras: hermana, amor, unico, pureza, alegria, sonrisa, vida, felicidad puso la palabra LUZ.
Justo un mensaje sono en el móvil de Cintia. Era de Edu. Ponía: "tata, cuando escribas las palabra luz detrás de esa foto también pon la palabra HIJO. He vuelto a nacer"
Con sus ojos iluminados por la alegría, debajo de la palabra luz Cintia escribió HIJO y guardó la foto del hospital en el cajón.
FIN
no queria que terminase asi que conste!!no me gustan los finales felices.......no descarto continuarlo
FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!